Gandhi, Einstein y el Coworking



Gandhi y Einstein  tuvieron algo en común: ambos se reunían con amigos para intercambiar ideas y opiniones en un contexto informal y relajado. Dicen que el primero llamó “club de buscadores” y el segundo “Olimpíada” a sus respectivos grupos de discusión.

Intuitivamente conocían los beneficios del sano intercambio de ideas, del nutrirse de experiencias de personas en ocasiones ajenas a su campo, pero capaces de aportar un punto de vista diferente sobre una problemática. Creaban un espacio de diálogo sin limitaciones, aunque no fomentaban acaloradas discusiones en las que una posición debía imponerse sobre otras. Imagina el resultado si en una moderna sesión de brainstorming reprimimos nuestro pensamiento por el “que dirán”.

Soluciones que llegan de quien menos te lo esperas

En ocasiones una pregunta inesperada nos descoloca y despierta nuestra mente convirtiéndola en más creativa. ¿Acaso quién no ha experimentado una reflexión profunda frente a una inocente pregunta de un niño?

Y si de soluciones curiosas se trata, la historia (verídica o no) del camión, el puente y el niño es de lo más gráfica. Cuentan que un vehículo de grandes dimensiones queda encallado bajo un puente y obstaculiza el tráfico sin que los técnicos den con la manera de liberarlo de manera poco traumática. Tras varias horas de deliberaciones y sin encontrar solución, ésta llega de la mente de un niño: ¿y porqué no desinflan los neumáticos? Tomemos nota de la moraleja.

El Coworking, la versión actual

El coworking puede convertirse en tu propio “club” de intercambio de opiniones. Un club cuyos miembros de distintos ámbitos profesionales, experiencias, formación y cultura aportan el ingrediente necesario para enriquecer una idea con un nuevo enfoque.
Se trata de disponer de un ecosistema favorable de “creativos” que aporten, desde su particular experiencia, una visión alternativa que despierte nuestra mente.

Y tú, ¿ya te beneficias de un grupo de intercambio de ideas?

Por: @julianfigli